lunes, 25 de septiembre de 2023

1.3a. No te sobreestimes. Consejos prácticos (I)

 En cada tema de esta etapa iremos dando una serie de consejos prácticos, es decir, orientaciones sobre la meditación, sobre conducta, modos concretos para animarnos a seguir en el buen camino, claves para el discernimiento de la vida espiritual, etc.

En la primera etapa estábamos en la fase de “cueva o celda”. ¿Recordáis? Tras un largo periodo  retiro en la celda nos hemos preocupado por conocer nuestras debilidades, nuestros apegos, nuestras relaciones tóxicas, mirándolo todo desde fuera, observándonos. Ahora  toca “bajar al valle”,  retomar la vida. 

Los cambios que hemos procurado para nuestra vida interior los vamos a confrontar con la exterioridad, con las personas, circunstancias y situaciones que vivimos cada día en la familia, el trabajo, los amigos, las diversiones, etc. Lo que se pretende con estos "consejos prácticos" es servir de ayuda de cara a tomar decisiones acertadas. 

No te sobreestimes

Comenzamos con un consejo: no te sobreestimes por lo conseguido hasta ahora. La salida de la celda o cueva puede traer consigo confrontación con situaciones o personas que dejaste al comenzar este camino.  Esta confrontación has de hacerla poco a poco, dosificando energías, sin extralimitarte, sin exageraciones. 

No hace falta demostrarte con acciones espectaculares, ni a ti mismo ni a nadie, que estás cambiando, que te sientes con más valor personal. No es preciso que te autoflageles duplicando tu tiempo de meditación o tus días de retiro; tampoco es necesario hacer ejercicios ascéticos, como ayunos, o mortificaciones que estén por encima de tus capacidades; y por supuesto no intentes imponer tus nuevos criterios de vida a tus amigos. No te preocupes por esas cosas; la vida misma te irá dando oportunidades para demostrarte que vales y para dejar ver y valer a otros tus progresos espirituales.

Buscar situaciones difíciles no deja de tener tintes de exhibicionismo; y si vienen esas situaciones vívelas discretamente, simplemente siente la satisfacción de haber hecho lo más fuerte, lo más duro; pero no te jactes de ello ni ante ti ni ante nadie. Evita caer en la soberbia espiritual. Nunca presumas de tu estado espiritual.

Camina por donde vas, no des saltos arriesgados. Recuerda una vez más que lo del espíritu meditativo y contemplativo es un proceso, un camino que hay que transitar paso a paso. Y sólo será eficaz si empiezas en el punto donde te encuentras. Por tanto, acepta tus limitaciones en la meditación, no dejes de volver de vez en cuando al “modo cueva” para mirar tu interior; pero ve subiendo pequeños peldaños tomando decisiones importantes en tu vida práctica, en tu relación diaria con las cosas, las instituciones  y las personas. Debes entrenarte en las pequeñas acciones para llegar a las grandes.

* * *

En resumen: evita caer en la soberbia espiritual

¿Qué es y cómo se manifiesta esta soberbia? Para saberlo te paso una selección del capítulo 2 del libro primero de la "Noche oscura", de san Juan de la Cruz. 

Recuerda que san Juan habla para principiantes, novicios  que han dado un paso adelante dejando el mundo y  decidiéndose a entrar en un monasterio. Habían purificado los sentidos físicos, pero ahora han de esforzarse en educar los sentidos espirituales.

Espero que te iluminen sus consejos. Lo seleccionado en cursiva es cosa mía.

CAPITULO 2

De algunas imperfecciones espirituales que tienen los principiantes acerca del hábito de la soberbia.

 SOBERBIA ESPIRITUAL:   1. Como estos principiantes se sienten tan fervorosos y diligentes en las cosas espirituales y ejercicios devotos, ...  les nace muchas veces cierto ramo de soberbia oculta, de donde vienen a tener alguna satisfacción de sus obras y de sí mismos. Y de aquí también les nace cierta gana algo vana, y a veces muy vana, de hablar cosas espirituales delante de otros, y aun a veces de enseñarlas más que de aprenderlas, y condenan en su corazón a otros cuando no los ven con la manera de devoción que ellos querrían, y aun a veces lo dicen de palabra, pareciéndose en esto al fariseo, que se jactaba alabando a Dios sobre las obras que hacía, y despreciando al publicano (Lc. 18, 11­12).

2. A estos muchas veces los acrecienta el demonio el fervor y gana de hacer más estas y otras obras porque les vaya creciendo la soberbia y presunción. Porque sabe muy bien el demonio que todas estas obras y virtudes que obran, no solamente no les valen nada, mas antes se les vuelven en vicio. Y a tanto mal suelen llegar algunos de éstos, que no querrían que pareciese bueno otro sino ellos; y así, con la obra y palabra, cuando se ofrece, les condenan y detraen, mirando la motica en el ojo de su hermano, y no considerando la viga que está en el suyo (Mt.7,37); cuelan el mosquito ajeno y tráganse su camello (Mt. 23, 24).  ...     

4. Muchos quieren preceder y privar con los confesores, y de aquí les nacen mil envidias y desquietudes. Tienen empacho de decir sus pecados desnudos porque no los tengan sus confesores en menos, y vanlos coloreando porque no parezcan tan malos, lo cual más es irse a excusar que a acusar. Y a veces buscan otro confesor para decir lo malo porque el otro no piense que tienen nada malo, sino bueno; y así, siempre gustan de decirle lo bueno, y a veces por términos que parezca antes más de lo que es que menos, con gana de que le parezca bueno, .... 

5. También algunos de éstos tienen en poco sus faltas, y otras veces se entristecen demasiado de verse caer en ellas, pensando que ya habían de ser santos, y se enojan contra sí mismos con impaciencia, lo cual es otra imperfección. Tienen muchas veces grandes ansias con Dios porque les quite sus imperfecciones y faltas, más por verse sin la molestia de ellas en paz que por Dios; no mirando que, si se las quitase, por ventura se harían más soberbios y presuntuosos. Son enemigos de alabar a otros y amigos que los alaben, y a veces lo pretenden; en lo cual son semejantes a las vírgenes locas, que, teniendo sus lámparas muertas, buscaban óleo por de fuera (Mt. 25, 8). ... 

EQUILIBRIO ESPIRITUAL: 6.  ... Pero los que en este tiempo van en perfección, muy de otra manera proceden y con muy diferente temple de espíritu; porque se aprovechan y edifican mucho con la humildad, no sólo teniendo sus propias cosas en nada, mas con muy poca satisfacción de sí; a todos los demás tienen por muy mejores, y les suelen tener una santa envidia, con gana de servir a Dios como ellos; porque, cuanto más fervor llevan y cuantas más obras hacen y gusto tienen en ellas, como van en humildad, tanto más conocen lo mucho que Dios merece y lo poco que es todo cuanto hacen por él; y así, cuanto más hacen, tanto menos se satisfacen. ...

7. Estos, con mucha tranquilidad y humildad, tienen gran deseo que les enseñe cualquiera que los pueda aprovechar; harta contraria cosa de la que tienen los que habemos dicho arriba, que lo querrían ellos enseñar todo, ...

.... No tienen gana de decir sus cosas, porque las tienen en tan poco, que aun a sus maestros espirituales tienen vergüenza de decirlas, pareciéndoles que no son cosas que merezcan hacer lenguaje de ellas. Más gana tienen de decir sus faltas y pecados, o que los entiendan, que no sus virtudes; y así se inclinan más a tratar su alma con quien en menos tienen sus cosas y su espíritu, lo cual es propiedad de espíritu sencillo, puro y verdadero, y muy agradable a Dios.

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Admira la finura psicológica de san Juan de la Cruz. 

Para nosotros, en el momento en que estamos, quede el aviso de no caer en "soberbia espiritual". Tal como hemos propuesto: no te sobreestimes, procura no creer que eres más porque meditas, no presumas de tus "experiencias místicas" (?) ante nadie, no minusvalores a nadie porque no tenga la suerte que tú tienes de haber encontrado un camino. Sé discreto/discreta en el hablar y vive discretamente.

En conclusión: aprende a estar donde estás, no te minusvalores; tampoco te sobreestimes.

Mayo 2023

Casto A.

1.2. Jesús, altruismo, bondad, compasión y felicidad.

No hay duda de que Jesús, tal como lo presentan los evangelios, buscó la felicidad; y no tengo dudas de que lo consiguió. Su propuesta de vida tiene como eje la bienaventuranza, la dicha, la felicidad propia y la de todos.

El Sermón del monte (Mt 5-7) recoge enseñanzas que abren la puerta a una vida dichosa:

*felices los que viven la virtud de la pobreza;

*felices los compasivos;

*felices los que tienen la mirada limpia;

*felices los que trabajan por la reconciliación de los hombres;

*felices los que aman con fidelidad y sin dobleces;

*felices los que están abiertos a luz de la verdad;

*felices los que no hacen acepción de personas;

*felices los que hacen de su vida una limosna, una donación total de su tiempo y de sus bienes;

*felices los que cada día dan gracias a Dios por todo lo que reciben;

*felices los que practican el bien, se abstienen del mal y ayunan de injusticias;

*felices los que no ponen su corazón en las riquezas;

*felices los que se saben protegidos por la mano del Padre y viven su día a día con paz;

*felices los que no se justifican en el mal ajeno y procuran hacer siempre el bien;

*felices los que más allá de las palabras, “¡Señor, Señor!”,  hacen de su vida un compromiso por la felicidad de todos;

*felices los que se confían a la Palabra de Dios en la prosperidad y en la adversidad.

Si en Jesús se unifican enseñanza y vida no hay duda de que Jesús fue inmensamente feliz.

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En la etapa que iniciamos vamos a unirnos a la propuesta de felicidad de Jesús, cuya realización vemos posible por la práctica de tres cualidades esenciales: ALTRUISMO, BONDAD Y COMPASIÓN, acciones útiles y necesarias para ser plenamente humanos (felices) y hacer del mundo un paraíso de felicidad. 

Jesús vivió comprometido con éstos valores. No los entendió como un código de leyes morales, sino como un anhelo que sale de dentro;  vivir esto es en Él la consecuencia o despliegue más lógico de su ser divino y humano.  

¿Cómo elaboró e hizo suya  Jesús la felicidad propia y ajena? Con la práctica del altruismo, la bondad y la compasión.

ALTRUISMO

No se puede ser feliz sin contar con los otros; por tanto el altruismo forma parte esencial de la felicidad. El aislamiento no conduce a ella. 

Jesús fue un altruista convencido; volcó su atención amorosa sobre  la humanidad identificándose con todos e identificando a todos consigo mismo. La misma Encarnación no es sino una manifestación de altruismo del mismo Dios que se hace uno de tantos (Flp 2).

El Otro (Dios) se me da a conocer en el otro (hombre, Jesús). Dios se hace visible en la Encarnación. “A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer” (Jn 1,18). Se hizo semejante a nosotros menos en el pecado (Hb 2,17). “Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? ... Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mt 25,39-40) ).

Jesús parece decirnos: yo soy el otro, yo soy tú, soy vosotros. Ciertamente, y sin detrimento de la propia identidad personal, supo entender su humanidad como una unidad con todo y con todos; unidad sólo posible en una alteridad y que sólo es inteligible en la diversidad. La imagen de la comunidad humana como “cuerpo de Cristo” es un espejo donde contemplarme como parte de un todo que me afecta. Sin altruismo, sin vivir en el otro, no soy yo, no puedo ser feliz.



BONDAD 

Dice san Pedro que Jesús “pasó haciendo el bien ... porque Dios estaba con Él” (Hch 10,38). Este texto nos revela que Jesús vivió en bondad. Su padre, José, de quien se dice en la Escritura “que era bueno” (Mt 1,19) debió enseñarle que el camino de la bondad es el más apropiado si se quiere tener una vida feliz y satisfactoria.

Ser bueno es algo necesario para una vida gozosa. El malvado se recome a sí mismo por dentro, sus maldades son producto de su insatisfacción y más que darle felicidad generan  en él más desdicha; el bueno, sin embargo, alineado con su  naturaleza bondadosa es feliz haciendo feliz a los demás. 

Si algo no podemos negar de Jesús es su bondad, su capacidad de escucha, su acogida, su compromiso por liberar del sufrimiento a quienes sufren la maldad de otros. ¿Puede ser triste alguien que se preocupa de las necesidades de los hermanos y reparte bondad a quienes le rodean?

No "tenemos" que ser buenos, "somos" buenos. Creados a imagen de Dios no podemos sino ser buenos por naturaleza, como Dios. Lo somos. La maldad no forma parte de nuestra naturaleza sino que es algo adherido a ella. Si bondad y felicidad han de caminar unidas no cabe duda de que hemos de soltar todo lo malo que se ha apegado a nuestro ser bondadoso como la rémora al casco de un barco. En otras palabras: para ser felices hemos de borrar del corazón la malicia que nos domina y debemos esmerarnos en la práctica de las buenas obras.  

COMPASIÓN. 

Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor»” (Mt 9,36). “Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer” (Mt 15,32) La  Encarnación del Hijo es pura compasión de Dios, amor de excelsa y total gratuidad. Los milagros de Jesús en los evangelios son motivados por la compasión; Jesús no puede soportar el sufrimiento ajeno y su instinto de amor le lleva hasta la Cruz. “Por pura gracia estáis salvados” (Ef 2,5).

Ante el dilema de matar o morir Jesús prefirió morir “por” la humanidad; un “por” que hay que entender en doble sentido: “por” (a causa de) la maldad de la humanidad y “por” (a beneficio de) la sanación de todos exculpándonos por nuestra ignorancia. “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Contemplar sus heridas, su compasión, su amor extremo, conmueve y sana a quienes aún viven en el error de la ira, la violencia y la venganza. 

Prueba a contemplar el amor de Dios en el crucificado. Cuando en silencio te dejas invadir por su perdón tu corazón se ablanda haciéndose como el suyo. "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo" (Lc 6,36)

En circunstancias adversas la compasión parece oponerse a la felicidad entendida como algo grato. A nadie le gusta sufrir. El misterio del dolor siempre será el más evidente enemigo de la felicidad; pero no confundamos dolor con tristeza ni placer con felicidad; hay dolores que apuntan a una felicidad más alta: “La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hijo” (Jn 16,21); y hay placeres que anuncian infelicidad: ¡Habéis acumulado riquezas… Habéis vivido con lujo sobre la tierra y os habéis dado a la gran vida, habéis cebado vuestros corazones para el día de la matanza” (San 5,3-5); un texto éste último que no sólo tiene un sentido para el final de la vida sino también para el hoy. La avaricia, lujuria y la gula matan la felicidad. No es sostenible una felicidad que se quiera asentar  en el exceso de los placeres; a la fruición primera siempre le seguirá el hastío.

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Jesús eligió el camino correcto para la felicidad: encarnación altruista, bondad divina y misericordia. "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Altruismo, bondad y compasión. Abordaremos estas tres joyas de la vida espiritual desde el entusiasmo por la persona de Jesús. Por eso, en toda esta etapa os digo con santa Teresa: “Los ojos en Él”.

Mira a Jesús. ¿Crees que fue feliz? ¿Crees que su camino de vida es camino de felicidad? No olvides que la felicidad no es simplemente la satisfacción de unos deseos arbitrarios; es una elección de vida que rompe los velos (egocentrismo) que no te dejan respirar y asfixian tu aspiración a ser feliz.

Repito: Altruismo, bondad, compasión. Graba estas palabras en tu mente y en tu corazón. Enamórate de ellas. Deja que maceren tus entrañas y dibujen el rostro de Jesús en tu corazón. 

Jesús es el camino de la felicidad. Si no te seduce la idea de vivir como Él, es mejor que abandones. La vuelta al “valle” tras tu periodo de “cueva” supone dejar de mirarte el ombligo (causa de todos tus males) y comenzar a mirarte en Jesús y en los hermanos. Es lo que hizo el mismo Jesús cuando dejó su "cueva de Nazaret" e inició lo que llamamos su "vida pública", una  misión de servicio a la humanidad con la mirada en el Padre. 

Noviembre 2023
Casto Acedo

1.1 La felicidad (Reflexión inicial de etapa)

«Todos los hombres buscan la manera de ser felices. Esto no tiene excepción, por muy diferentes que sean los medios que empleen, todos tienden a este fin»  (B. Pascal, Pensamientos, 148)
“La felicidad consiste en comer, beber y disfrutar de todo el trabajo que se hace bajo el sol, durante los días de vida que Dios da al hombre, porque esa es su recompensa; y si Dios da a cada hombre bienes y riquezas y le permite comer de ellas, tomarse su parte y disfrutar de su trabajo, es también un don de Dios. Porque no pensará mucho en la brevedad de su vida si Dios le llena de alegría el corazón” (Ecl 5, 17-19)

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Iniciamos una nueva etapa de nuestro camino espiritual en grupo.

En la primera destacábamos el objetivo de ver con claridad nuestro ser personal, conocernos íntimamente e ir adquiriendo el equilibrio emocional necesario para caminar seguros. Para ello nos retirábamos a la celda o cueva.  

Clave para discernir si hemos aprovechado bien esta primera etapa es comprobar si hemos crecido en conocimiento propio. Recordad el consejo de santa Teresa: 

“Es cosa tan importante este conocernos, que no querría en ello hubiese jamás relajación, por subidas que estéis en los cielos; pues, mientras estamos en esta tierra, no hay cosa que más nos importe que la humildad. Y así torno a decir que es muy bueno y muy rebueno tratar de entrar primero en el aposento adonde se trata de esto, que volar a los demás, porque éste es el camino; y si podemos ir por lo seguro y llano” (1M 2,9).

Hemos aprovechado las lecciones sobre el conocimiento propio (primera etapa) si hemos crecido en humildad, si hemos descubierto y aceptado que somos de barro, débiles y propensos a dejarnos llevar por los engaños de nuestro ego.

Conocer mi situación de esclavitud a determinados apegos, mis autoengaños, mis desequilibrios emocionales, relaciones tóxicas, etc., eso que hemos procurado en la primera etapa, es de vital importancia para sortear los obstáculos que hallaremos en la segunda. En esta miramos hacia afuera y nos preocupamos de desarrollar unas cualidades que podemos resumir en estas palabras: bondad, altruismo y compasión.

Antes de entrar a estudiar esas cualidades o virtudes vamos a decir ahora algo acerca de la felicidad, problema y cuestión de interés general y especialmente necesitado de revisión en la espiritualidad cristiana, porque son muchos los filósofos que han detectado en el mundo cristiano un sentido triste y masoquista de la vida. 

Baste este comentario de Lin Yutang, un pensador chino, educado como cristiano y que en un principio aspiró al sacerdocio para luego declararse a sí mismo pagano tras abandonar la fe. Justificando su apostasía comenta que  el cristianismo, como el budismo que conoció en china, niega la felicidad que viene del disfrute de los placeres sensoriales.  
“Es extraño que este problema de la felicidad, que es la gran cuestión que ocupa la mente de todos los filósofos paganos, haya sido enteramente descuidado por los pensadores cristianos. La gran cuestión que preocupa a las mentes teológicas no es la felicidad humana, sino la "salvación" humana, trágica palabra. ... . La cuestión de la vida es olvidada por la cuestión de salir con vida de este mundo. ¿Por qué ha de preocuparse tanto el hombre por la salvación, a menos que tenga la idea de estar condenado? Las mentes teológicas se ocupan tanto de la salvación, y tan poco de la felicidad, que todo lo que nos pueden decir sobre el futuro es que habrá un cielo muy vago, y cuando las interrogamos acerca de lo que haremos allí y cómo seremos felices en el cielo, sólo tienen ideas de las más vagas, como la de que cantaremos himnos y usaremos túnicas blancas” (Lin Yutang, en La importancia de vivir).
Sin negar que ciertas corrientes dentro del cristianismo parecen sentir una cierta atracción masoquista por la cruz como sufrimiento, hay que decir a quienes  acusan a los cristianos de sufridores, pesimistas y aguafiestas, que si nos atenemos al evangelio no tienen razón para tales acusaciones. Jesús no predica el sacrificio, el dolor, el sufrimiento y la tristeza en esta vida a la espera de alcanzar felicidad en la otra.
 
La cruz no es para los cristianos una invitación al sufrimiento sino una "contemplación del amor de Dios". Hay una interpretación perversa de la cruz que sostiene que el Padre exige el sufrimiento del Hijo, pero esa no es la mirada de quien cree en el evangelio (buena noticia, noticia feliz). La voluntad de muerte no está en Dios sino en los que crucifican a Jesús. En Dios hay un proyecto de vida, de esperanza, de fe, de no renuncia a la felicidad en la adversidad, cuando todo invita a la desesperación. Sentir el amor extremo de Jesús en su entrega no es para el creyente motivo de llanto sino de gozo.

La cruz es el punto omega de la vida terrena de un Jesús que tuvo como objetivo procurar la felicidad terrena y eterna de la humanidad con todo lo que dijo e hizo. Ciertamente que habla de vida eterna, pero no como un aparte de la vida finita sino como la plenitud de ésta. Y en este sentido es como hay que entender sus palabras en el discurso de las bienaventuranzas al proclamar “felices” a los pobres, a los no violentos, a los que trabajan por la paz, etc. (cf Mt 5,1-10). Serán felices en el Reino de los Cielos; eso sí, este Reino celestial está ya aquí y ahora dentro y en medio de nosotros, aunque en espera de alcanzar su cenit. 

 Por tanto, el cristiano no es un sufridor vocacional sino que, en línea con la cita bíblica del Eclesiastés que abre el encabezamiento de este tema, una persona que disfruta de las bondades de la vida material cuando estás le salen al paso; y cuando la enfermedad, el dolor y el sufrimiento aparecen busca en su interior la fortaleza necesaria para no caer en la tristeza.

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Hablemos de la felicidad 


"Todos queremos ser felices", edeseo de bienestar y felicidad es el anhelo primario del ser humano, el motor e impulso de su vida.

Hemos comenzado esta segunda etapa hablando de felicidad por la necesidad de poner en claro que la vida espiritual no se opone a los fines de la vida en general; y en segundo lugar por la evidencia de que sólo quien es feliz puede dar felicidad. Sólo una persona satisfecha de su vida puede darse a otra en altruismo (acogida), bondad y compasión, que son los motivos que nos guiarán este año. ¿Cómo sentir a otros como hermanos si yo mismo soy un extraño para mí? ¿Cómo ser bondadoso si me odio y me desprecio a mí mismo? ¿Cómo ser compasivo si me muestro duro con mi propia vida? Sólo un corazón abierto a la aceptación y el amor de sí mismo está abierto para acoger y amar a todo el mundo. 

Pero ¿qué es la felicidad auténtica? 

Si preguntas a varias personas puedes obtener definiciones muy variadas sobre la felicidad.  Cada uno la ve de manera diferente, aunque en realidad cada uno aspira en su mundo personal y social a un mismo fin: disfrutar, ser feliz. 

Unos andan más o menos acertados en su búsqueda; otros, sin embargo, buscando ser felices no hacen sino arruinar sus vidas. Tal es el caso de quienes, como quedó indicado en la primera etapa,  cometen el error de poner la felicidad en el aferramiento o apego a cosas, ideas o personas que no hacen sino conducirles a mayor sufrimiento a causa de la falsa felicidad fruto del empeño en querer llenar el vacío existencial recurriendo a lo que no puede llenarlo.

El problema no es el anhelo de felicidad, que es congénito en la persona, sino saber qué es la verdadera felicidad, dónde se encuentra la satisfacción o cumplimiento correcto del anhelo que se siente. Recurrir al consumo compulsivo, a los títulos, a la consideración social, a proyectos mundanos, etc., aunque éstos puedan dar la sensación de seguridad y felicidad, no es un buen camino. Poner la felicidad en un objeto, un terreno, un amante, un reconocimiento, una posición social, etc. es justo lo opuesto a la misma. Nunca estamos más lejos de la felicidad como cuando creemos poseerla en estas cosas. En el apego a todo esto comienza el miedo, la ansiedad, la competición, los celos o el desprecio a otros.

De principio la felicidad supone tener una conciencia limpia y elegir la verdadera satisfacciónEl bienestar, la felicidad, no es una conquista sino una experiencia, algo así como una especie de sensación de libertad. Estar libres de culpa, de remordimiento, de contradicciones; tener la conciencia limpia; estar en línea con lo que se es (amor) y para lo que se es (amar) produce alivio, paz, tranquilidad, satisfacción, bienestar.

Y junto a esa paz de la conciencia la felicidad supone elegir libremente la satisfacción, que no es “desear estar con la barriga llena”, no es estar hinchado, no es el estado que se produce cuando se cumple un deseo. La satisfacción es más una elección que un estado. Se trata de elegir estar satisfechoelegir estar completo, hacerte consciente y aceptar el hecho de que ya lo tienes todo dentro. No tienes que esperar cosa alguna que te llene, no necesitas que alguien te apruebe, que reconozcan tus méritos. La felicidad está en ti cuando no tratas de buscar; no en el sentido de dejar la actividad de buscar, porque eso puede llevarte a la frustración de no tener nada que hacer. Lo que hay que descubrir es que no hay nada que buscar fuera; ya tienes dentro todo lo necesario para estar satisfecho y completo. "El reino de Dios está dentro de vosotros" (Lc 17,21)

¿Recuerdas la imagen del ser humano que nos da Teresa en Las Moradas? Ella invita a comenzar la vida espiritual con la consideración de que “nuestra alma es como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice El tiene sus deleites” (1M 1.1). Cuando despertamos a la conciencia de que somos habitados por Dios y dejamos que ese Dios que descubrimos dentro ocupe todo nuestro espacio interior, vivimos en satisfacción y felicidad.

No hay necesidad de buscar fuera, todo está dentro. Cuando, dejadas las sombras con las que el ego enturbia nuestra mirada, nos miramos en la cristalina fuente de nuestra alma, descubrimos que ya lo teníamos todo, que no tenemos que ser felices, porque la felicidad es ya parte de mi ser. La transparencia de mi vida me hace luminoso y feliz.

Esta satisfacción pura y cristalina, esta transparencia de vida, me ayuda luego a relacionarme con todo lo de fuera con una libertad inaudita. Puedo disfrutar sin ansia, sin dependencias ni apegos, de todo lo exquisito y hermoso que hay en el planeta, sin tratar de devorar el mundo, las cosas y las personas, sin querer poseerlas y consumirlas, sino apreciándolas en su justo valor.

Felicidad y meditación

Te puedes acercar a la experiencia de la felicidad por la inmersión meditativa, por la práctica correcta de la meditación que te ayuda a recuperar tu estado original. ¿Recuerdas cuando explicábamos aquel cuadro de los círculos en el que el central era tu “yo” genuino u original?  Tu centro es un diamante; eres imagen de Dios; Cristo está en tu centro, es la piedra preciosa que guardas en el núcleo de tu ser. Y no sólo está ahí como adorno sino como gracia que lo impregna todo en ti. Por su presencia misteriosa en tu corazón tú eres bondad y amor. Ya explicamos en otros temas cómo en la meditación te ejercitas en ir eliminando los diversos velos -conceptuales, emocionales y conductuales- que te envuelven y no te permiten ser tú mismo. De ese revoltijo de emociones, ideas y malas costumbres surgen las insatisfacciones que vives. Cuando eliminas esos velos entras en el “interior intimo meo” que dice san Agustín, un lugar más interior a  ti que tu propio interior, el lugar donde donde está Cristo; donde Cristo está en ti.

Cuando meditas dejando a un lado los ruidos que te impiden el acceso a lo más profundo de tu ser, al lugar donde el Espíritu se cruza con tu espíritu, encuentras reposo y paz. Te sientes feliz, como una casa edificada sobre roca que no tiene miedo ninguno a la tempestad o los terremotos exteriores (cf Lc 6,47-49); nada puede hundir tu estado de satisfacción, bienestar y felicidad (cf Rm 8,35-38), porque estás saciado del agua que brota de la roca que es Cristo (1 Cor 10, 4). Cuando llegas al éxtasis (salida de ti para estar en Cristo) en la meditación logras la satisfacción y felicidad plenas; todo tu cuidado está en manos de Dios. Así lo define poéticamente  San Juan de la Cruz en el Cantico Espiritual:

“Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el amado,

cesó todo, y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado”.      

 

Esta es la auténtica felicidad. El alma ha recorrido el camino del silencio y el despojo dejando atrás todos los velos que le impedían el encuentro con el Amado, la unión con el único capaz de satisfacer sus anhelos y hacerla feliz. Hacia este encuentro apunta el ejercicio de la meditación. En este sentido podemos decir que meditar es un camino de felicidad, porque te conduce a la satisfacción de reconocerte y permanecer en Cristo.


Elegir buscar aquí la felicidad es la mejor opción. Porque sólo desde ahí puedes desplegar un altruismo, una bondad y una compasión puras, sin asomo de egocentrismo.

 

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Profundizaremos más en esto, en cómo reconociéndome en Cristo y practicando con Él las citadas virtudes, puedo hacer de mi vida una bienaventuranza, un estado de felicidad como la suya.


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Mayo 2023

Casto Acedo

lunes, 13 de marzo de 2023

Alma, espíritu y silencio..


Ya quedó dicho: somos cuerpo y alma, personas. La entrada anterior hablamos del cuerpo. Decimos ahora algo sobre el ALMA, y unas notas sobre el ESPIRITU, pero sin perder de vista la unidad con el cuerpo…. Recordemos que, en cierto modo, nuestro cuerpo es nuestra alma y al mismo tiempo nuestra alma es nuestro cuerpo. Así, lo que ocurre en el cuerpo o en el alma ocurre al hombre todo.

Y es interesante no olvidar esto: tanto el componente físico-corporal de la persona: la alimentación, el ejercicio, el descanso físico, etc., como el componente anímico: pensamientos, sentido ético, sensibilidad artística, sentimientos, etc., son esenciales para el desarrollo de la vida espiritual. Si se queda sólo en uno de los aspectos andará coja.

La oración, cuando es verdadera, implica tanto el  aspecto físico como el anímico, (quietud, silencio, respiración, atención plena a Dios, …), orar y vivir son realidades que  deben estar íntimamente imbricadas.

¿Qué es el alma?

Difícil de definir. El alma, más que un ente distinto del cuerpo, es la capacidad de trascenderse que tiene la persona. Decir “tengo alma” es decir que tengo un plus sobre lo meramente animal, que poseo la capacidad de relacionarme de forma dialogal con mi entorno, con las demás personas y con la trascendencia, con Dios.

El diálogo con Dios-hermanos-mundo se realiza por la acción de  lo que la antropología tradicional llamó las potencias del alma, que son tres: memoria (experiencias emocionales), entendimiento (mente, pensamiento) y voluntad. Una buena gestión de estas tres capacidades es determinante para la meditación y la vida cristiana.

ENTENDIMIENTO (Razón, pensamiento). El entendimiento es el buque insignia de la modernidad. “Pienso luego existo”. El hombre moderno se empeña en pasar todo por el filtro de la razón científica o filosófica antes de aceptarlo como verdadero. Encierra las realidades vitales en conceptos creyendo que así las integra en su vida. 

La meditación tiene en el pensamiento un arma de doble filo, porque por una parte ayuda a entender el proceso espiritual y permite el uso de la imaginación como medio para acercarse a la luz, pero por otro lado, el pensamiento suele estar muy ligado al ego (falso yo, construcción mental), que se niega a morir defendiéndose con todo tipo de argumentos engañosos.  La atención plena necesaria en la meditación suele verse entorpecida por multitud de pensamientos que la distraen.

MEMORIA (experiencias emocionales). San Juan de la Cruz la define como “archivo y receptáculo del entendimiento, en que se reciben todas las formas e imágenes inteligibles; y así, como si fuese un espejo, las tiene en sí, habiéndolas recibido por vías de los cinco sentidos” (2 S 16,2). La memoria guarda lo vivido por la persona, todo un cúmulo de experiencias gratificantes o dolorosas, exitosas o frustrantes; momentos felices y tristes, … emociones de todo signo que han dado lugar a una determinada concepción de uno mismo y del mundo, y desde ahí a unos patrones de conducta concretos.

La memoria propia determina mucho nuestra esperanza o desesperanza. Uno de los trabajos de la meditación es “silenciar la memoria”, que no es olvidar los hechos pasados, sino “sanar las heridas de la memoria” a fin  de  que no estorbe al crecimiento espiritual.

VOLUNTAD ("querer", motor conductual). Inclinación a moverse para alcanzar anhelos y satisfacer deseos. La voluntad se exterioriza en el hacerLa voluntad mueve a la persona a actuar,  a realizar lo que quiere y desea.  También esta facultad, despista y distrae, sobre todo porque nos engaña haciéndonos creer que somos lo que hacemos; y  vivimos obsesionados con hacer y hacer cosas que nos identifiquen; como si nuestra existencia no tuviera sentido… ¿Es más importante “ser” o “hacer? 

Una idea muy de siempre es la de pensar que ser libre y vivir a tope es “hacer lo que me apetece”, lo que quiera en el momento. ¿De veras es así? Sabemos que no, que a cada deseo sensual satisfecho le suele seguir una frustración mayor, y esta conduce a una oscuridad más grande que aquella que se quiere vencer, repitiendo así el movimiento circular: consumo-frustración - más consumo - mayor frustración… Es importante ser conscientes de que la meditación lleva consigo trabajarse en los deseos o apetitos, a fin de escapar de sus trampas. Es preciso que nuestra voluntad se rija por la Sabiduría divina antes que por los caprichosos deseos egoístas. 

Es importante tomar conciencia de las potencias del alma. El ego suele esconderse tras ellas para construir su "personaje". Es muy necesario comprender y vivir que “tú no eres tus pensamientos”, “tú no eres tus emociones”, “tú no eres tus obras”.  El propio ser tiene su raíz en algo más profundo y genuino; la identidad propia hay que buscarla en el espíritu. Para acceder a éste y vivir desde el núcleo personal es importante el silencio del cuerpo y del alma.

Sobre el espíritu

Vayamos más allá. El ser humano es cuerpo, alma, y   ESPÍRITU. Un ser tripartitoLa carta a los Tesalonicenses deja ver esta realidad: “Que todo vuestros ser, el espíritu, el alma y el cuerpo se conserve sin mancha hasta la venida de nuestro señor Jesucristo” (1 Tes 5,23). Soy cuerpo y alma, y soy espíritu (espiritual).

Cuando aplicamos el adjetivo espiritual a las personas no nos referimos a su condición de seres racionales, inteligentes, pensantes. Espiritual es una categoría teológica, no sólo filosófica, que san Pablo utilizó como contrapuesta a carnal psíquico. El cuerpo y el alma son parte de la persona, pero el toque espiritual lo da el espíritu que informa a ambos.

Dice san Ireneo que “Son tres los elementos de que  consta el hombre: carne, alma y Espíritu . El tercero es el que da la forma y nos salva, esto es, el Espíritu; otro es el elemento que recibe la unión y la forma, es decir la carne; y el alma media entre los dos, y es el que, cuando consiente a la carne, cae en las pasiones terrenas”

“El hombre, y no sólo una parte del hombre, se hace semejante a Dios, por medio de las manos de Dios, esto es, por el Hijo y el Espíritu. Pues el alma y el Espíritu pueden ser partes del hombre, pero no todo el hombre; sino que el hombre perfecto es la mezcla y unión del alma que recibe al Espíritu del Padre, y mezclada con ella la carne, que ha sido creada según la imagen de Dios”.

Silencio

Cuando hablamos de "silencio" no nos referimos simplemente a la ausencia de ruidos exteriores. La contaminación acústica que más impide el acceso a una espiritualidad genuina no está fuera, sino dentro. Los ruidos más perniciosos, lo que contamina o intoxica nuestra vida no vienen de fuera sino que salen de dentro de cada uno (cf Mt 15,10-20). Y en este sentido, las potencias del alma son con frecuencia portadoras del ruido que anula nuestra vida.

"La vida brota de la nada del silencio" (J.F. Moratiel). Decir silencio es decir "vacío". Ruido es todo aquello que "okupa" el corazón siendo extraño a él. El corazón es de Dios. Sam Juan de la Cruz da a entender que "somos un espacio para Dios". A veces lleno ese espacio de pensamientos o fantasías utópicas que me distraen e impiden reconocerme a mí mismo en mi ser espiritual; otras veces son experiencias negativas o eufóricas las que se apoderan de mi persona, recuerdos amables u obsesiones odiosas con las que me identifico; también suelo llenar mi vacío con mi trabajo, mis habilidades, con un activismo desbordado que oculta mi falta de serenidad y paz.  Cuando las cosa son así está claro que necesito silencio. 

Igual que el espíritu, también el silencio es una categoría teológica. "Dios es silencio", el silencio del que procede la Palabra que lo crea todo, Jesucristo, Verbo del Padre.

“Hay un solo Dios, el cual se manifestó a sí mismo por medio de Jesucristo, su hijo, que es Palabra suya, que procedió del silencio, y de todo en todo agradó a Aquel que le había enviado” (San Ignacio de Antioquía).

 Desde el silencio del Padre hemos sido creados, y en la Palabra nacida del silencio hallamos la luz que ilumina quienes somos y hacia donde vamos. Hacer silencio es conectar Dios,  esencia de nuestro ser, y encontrarnos con lo que somos.

La oración contemplativa es una puerta de acceso al Silencio. Para ello es preciso silenciar los ruidos que nos ensordecen: silenciar los pensamientos que nos hacen creer que todo lo que logramos entender intelectualmente es lo único real;  silenciar la memoria, las  vivencias positivas o negativas que causan en nosotros emociones aflictivas (apego, aversión, indiferencia)  que contaminan nuestras relaciones y nos impiden llegar al núcleo de nuestro ser; y silenciar nuestras obras, no identificarnos con lo que hacemos o con los títulos o cargos que poseemos. 

Hacer silencio es entrar en "kénosis", en despojo, en vaciamiento. Fue el camino que siguió Jesús. “Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma” (San Juan de la Cruz). Aquietando su cuerpo en la cruz (pasividad activa) y silenciando su alma (relativizando los pensamientos, sentimientos y deseos propios) Jesús muestra en su Pascua la transparencia de su Espíritu de amor con el Padre:  «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,44).

Hacer silencio no es sólo un ejercicio físico o mental, es una práctica teológica, un oración, en el sentido de que es el camino adecuado para el conocimiento de Dios, y por ende para el propio conocimiento. 

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Percibe las capacidades de tu alma 

Hoy observa y toma conciencia de tus emociones, tus pensamientos y tus deseos. Y suéltalos, déjalos ir.. Acállalos y céntrate en tu anhelo (aspiración) por “vivir en el Espíritu” (conciencia de Dios, comunión de los santos, plenitud, estar en el “Padre”, tu patria). Para ello: 

     * Silencia tus pensamientos (¡Tú no eres tus pensamientos, déjalos pasar!), … para entrar en fe.

       * Silencia tus emociones (Tú no eres tus emociones aflictivas, tampoco tus consuelo, no te dejes llevar por ellos) … para entrar en esperanza.

        * Silencia tus actividades, tus trabajos y "haceres",  por buenos que parezcan (El “hacer” de Dios, su  voluntad es lo único que te lleva a la vida plena)…. Para entrar en Amor.

Casto Acedo. Octubre 2021. 

Somos cuerpo

Al final tienes un audio explicativo del tema y un PowerPoint.

Hay una estrecha relación entre oración y conocimiento propio, y es tan importante que no se puede dar la una sin lo otro; si la oración es auténtica siempre conduce a mayor conocimiento de sí.

“Es cosa tan importante este conocernos, que no querría en ello hubiese jamás relajación por subidas que estéis en los cielos; pues, mientras estamos en esta tierra, no hay cosa que más nos importe que la humildad. Y así torno a decir que es muy bueno y muy rebueno tratar de entrar primero en el aposento adonde se trata de esto, que volar a los demás, porque éste es el camino; y si podemos ir por lo seguro y llano ¿para qué queremos alas para volar?, mas que busque como aprovechar más en esto” (1M 2,9).

“Que en principio y fin de la oración, por subida contemplación que sea, siempre acabéis en propio conocimiento. Y si es de Dios, aunque no queráis ni tengáis este aviso, lo haréis aún más veces, porque trae consigo humildad y siempre deja con más luz para que entendamos lo poco que somos” (CV 39,5).

Para conocer a Dios el primer paso es conocerse a un@ mism@. ¿Quién soy? ¿Cómo me defino? ¿Qué me define como persona? ¿Mi cuerpo? ¿Mi alma? ¿Cómo me veo? ¿Soy un alma o espíritu habitando un cuerpo? ¿Soy un cuerpo (sofware) habitado por un espíritu (hardware)?


CUERPO 

La antropología bíblica deja ver que el hombre es uno en cuerpo y alma (dejamos a un lado en esta exposición un tercer componente, el espíritu)

“En la unidad de cuerpo y alma, el hombre, por su misma condición corporal, es una síntesis del universo material, el cual alcanza por medio del hombre su más alta cima y alza la voz para la libre alabanza del Creador. No debe, por tanto, despreciar la vida corporal, sino que, por el contrario, debe tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día”. (Vaticano II, G.S 14).

Nuestra primera experiencia no es la de un yo pensante, sino un yo encarnado. El cuerpo forma parte de mi ser. Soy cuerpo, verdad evidente en el misterio de la encarnación: “La Palabra se hizo carne” en Jesús de Nazaret. No tomó un cuerpo, se hizo cuerpo.

Hoy nos centramos en la contemplación del cuerpo. La idea central se puede resumir en este aforismo: NO TENGO CUERPO, SOY CUERPO. A esta afirmación hay que añadirle otra: “No tengo alma, soy alma”, (del alma nos ocuparemos en otro tema). … “Soy cuerpo animado”, “alma encarnada”. Mi cuerpo es un modo privilegiado de presencia, la versión visible de mi ser.


Un poco de antropología teológica cristiana 

Es común el error de considerar el propio ser como si fuera un alma encerrada en un cuerpo. Es la concepción platónica, que nos ha llegado por influencia de san Agustín. Y otro error es la reducción de la persona a sólo cuerpo, sin alma ni espíritu, pura materia.

Hay dos extremos que debemos evitar. El primero es la tendencia a  considerar el alma como lo esencial: platonismo, idealismo, animismo. El cuerpo sería así algo accidental, e incluso molesto, una especie de cárcel para el alma.  Llevada al límite esta concepción del alma como lo único esencial y eterno nos permitiría decir que el ser humano es "un fantasma" preso en un cuerpo, y que aspira a liberarse. Desde aquí es lógico despreciar el cuerpo y castigarlo con duras penitencias a fin de doblegarlo a los dictámenes del espíritu. Este tipo de visión ha marcada toda una espiritualidad en la que la ascética ha prevalecido sobre la mística, el sufrimiento corporal sobre el gozo, el sacrifico sobre el disfrute. 

El segundo error consiste en considerar el cuerpo como lo esencial: materialismo absoluto. Se considera el cuerpo como lo único real.  Sólo existe lo que se puede palpar, medir, controlar físicamente. Esta parece la tendencia de nuestra cultura actual: una valoración del cuerpo sobre cualquier otro componente del ser. Pero no nos engañemos,  nuestra cultura, en realidad, no valora el cuerpo en sí mismo sino el cuerpo joven, bello, saludable (beautiful people, gente guapa...). Es una  visión idealista y selectiva  que toma del cuerpo lo que le interesa y no lo acepta en sus límites. Llevada al límite la identidad de la persona con el cuerpo podríamos decir que “somos zombies”, cuerpos sin alma. 

En el medio está la virtud. La persona es una en cuerpo y alma. No “tengo cuerpo” sino que “soy cuerpo”, no “tengo alma” sino que “soy alma", soy "cuerpo animado” o “alma encarnada”;  toda la psiqué (alama) es en cierto modo orgánica, todo el organismo es psíquico. La salvación (salus, salud, sanación) humana abarca ambos elementos, la totalidad de lo que es cuerpo y alma unidas. Sin esta unidad indisoluble no hay persona. 

La salus (salud espiritual, salvación eterna) abarca la totalidad de cuerpo y alma. La salvación es algo que alcanza a toda la persona (no solo el alma).  Nuestra vocación no es la de dejar de ser humanos. La naturaleza humana no es absorbida por el alma de la persona. Dios al hacerse hombre en Jesucristo, al tomar cuerpo, “no absorbe la carne" sino que la dignifica y plenifica. 

¿Entiendes ahora por qué el credo habla de "resurrección de la carne" o porque habla de asunción de María "en cuerpo y alma" a los cielos?  Si no resucita mi cuerpo no resucito yo; será otra cosa, porque yo, sin mi cuerpo, o sin mi alma no soy. El cuerpo también aspira a la resurrección. Es un tema difícil de entender sin contemplarla desde la perspectiva del misterio de fe que es la persona de Jesucristo. Contemplando a Jesús está claro que la visión cristiana del hombre no es (no puede ser) dualista, no se explica por dos realidades opuestas y extrañas. Si el cuerpo no pertenece a la realidad del hombre ¿cómo explicar la importancia de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo, eventos corpóreos donde los haya?  Sin cuerpo no habría habido encarnación, ni muerte, ni resurrección. 

No intentes comprender esto, ¿cómo entender esta unidad cuerpo-alma? Toca a cada uno experimentarlo y dilucidarlo en la filosofía y en la oración contemplativa. Sabemos por experiencia que la unión es tal que los sufrimientos y gozos del alma se somatizan y los del cuerpo influyen en el ánimo. Sin embargo, su misteriosa unidad y relación es difícil de explicar, así que de momento limítate a tenerla de trasfondo como un dato importante de nuestra tradición cristiana. 

En lo que toca al tema de la oración deducimos de aquí que ésta no es sólo cosa del alma que doblega al cuerpo con técnicas para disponerse a salir (éxtasis) al encuentro de Dios.  El cuerpo es persona y  lenguaje; el cuerpo, por tanto, también ora. La quietud y el silencio del cuerpo es ya oración. También el movimiento es oración: inclinarse en actitud de humildad, alzar los brazos, levantar los ojos o danzar para Dios; todo esto es oración.

Así que el genuino espiritual cristiano no puede prescindir del cuerpo: Ser  un orante cristiano requiere entrenarse en apaciguar el cuerpo, sanarlo, equilibrarlo; descanso, alimentación, salud…La química del cuerpo es importante. Para orar se requieren ciertos hábitos corporales: ayuno, dieta adecuada, sobriedad en la bebida, trabajo o actividades al aire libre, periodos de silencio riguroso,… Es importante aprender a respirar y tomar conciencia del cuerpo; y practicar ejercicios como el yoga  el tai chí, o cualquier deporte que ayude a una vida saludable.


DESAFIO  

Tomar  conciencia de tu cuerpo.

 Es importante "sentir" mi cuerpo. Cada ejercicio de meditación debe comenzar por ahí, por sentir mi cuerpo: cabeza (con todos sus elementos: cuero cabelludo, frente ojo, orejas, nariz, boca...), tronco (hombros, pecho, vientre), extremidades (brazos, piernas). Detenerse a sentir el cuerpo es ya oración, porque de por sí es relación con la obra de Dios que soy. Sentir aquí y ahora mi cuerpo me trae al "presente", y sólo en el presente puedo encontrar a Dios, que es "presencia". 

Además, el cuerpo me permite la comunicación. Mi alma (mente, recuerdos, aspiraciones)  viviría en la oscuridad si no percibiera el mundo por medio de los sentidos corporales. El agrado o el desagrado son percibidos primeramente por la sensualidad, cualidad de los sentidos. Es importante aprender a abrir los sentidos para percibir el entorno en su cruda realidad. Y, como los sentidos a veces son engañosos, es también importante una percepción total de las cosas, trascendiendo lo que recibimos por los sentidos corporales, es decir, contemplando desde la inaterioridad, mirándolo todo con la objetividad del espíritu, en percepción directa, sin los ruidos que nos llegan de los prejuicios. 

Un desafío para cultivar el cuerpo es el de pasear, orar, beber, comer, mirarla realidad con  plena consciencia, con los sentidos abiertos. Eso es contemplar, mirar la realidad detenidamente, con serenidad, dejando que penetre en el templo de tu ser. 

Puedes disfrutar la contemplación con la percepción corporal de los sentidos.

*Tus OJOS son la ventana por la que te asomas al mundo, el objetivo, el observatorio desde el que contemplas la realidad que te rodea.  Decía A. Machado que El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve.” ¿Qué gran misterio el de los ojos, ¡cuánta belleza puedes contemplar para alimentar tu espíritu con la mirada!

*Tus OÍDOS son un receptor maravilloso de sonidos. Percibe los sonidos de la naturaleza asomado a la ventana o paseando por el parque o el campo; el río, los pájaros, el viento acariciando los árboles… y el silencio, la “música callada”

*La NARIZ aspira la fragancia del paisaje. Reconocer los olores es signo de intimidad. Oler las flores es abrazarlas, hacerlas mías; y cuando el olor no es agradable me recuerda la necesidad que tengo de aceptar lo que no es de mi gusto. El olfato es un buen ejercicio de contemplación de la realidad esquivando juicios sobre el agrado o desagrado de lo percibido.

*El PALADAR es también una puerta abierta al conocimiento de mundos maravillosos. También ásperos y agrios. Saborear la comida, gustarla, ¡Cuánto recuerdos nos vienen por los sabores!  Paladea hoy lo que comas con esa sensación de algo único.

* Y el TACTO. Sentir globalmente la piel que te envuelve es el mejor ejercicio de presencia que puedes hacer. Tomas conciencia así de todo tu cuerpo, del hormigueo que sientes casi imperceptible en la piel, de la temperatura, del peso, del tacto de la ropa que te cubre,  del viento que te acaricia.

Hacer todos esos ejercicios es ya oración. Además, en los tiempos de oración formal procura comenzar sintiendo paso paso tu cuerpo, y siendo consciente de que no sólo ora tu alma, también tu postura, tus sensaciones físicas, tus movimientos son lugares de encuentro con Dios. Estate atento a todo ello.

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Audio: 

https://drive.google.com/file/d/1TUrAbNwXcX9g0-EWZZHQZep5TnuzjPU6/view?usp=sharing

Power-Point de resumen:

https://docs.google.com/presentation/d/1v_PFrA51M2G11DyZ5RpGeVTnUIGCkQUq/edit?usp=sharing&ouid=100969728777469114903&rtpof=true&sd=true

Casto Acedo